CASI NADA ... ¿O TODO?


Haciendo ese deseado descanso del día, una cerveza y te cuento, comemos algo ligero y me cuentas, un café  sin azúcar pero con besos y nos deseamos lo mejor para la tarde… me aleje pensando con esa tristeza que para nada me caracteriza, mi lema es mejor con una sonrisa, pero la barbarie de estos días lo pone todo patas arriba, te recuerda lo ignorante y violento de la humanidad, esa que debería converger hacia la paz, muestra su cara ignorante, violenta, con hambre de poder, en todas sus versiones, política, económica, religiosa… para contaminarnos, arrebatarnos la libertad, llevarnos por delante a nosotros y al planeta…

¿Tan difícil es entender las cosas que realmente son importantes?

Y así pase de pasear mis pensamientos por esa parte cruel del mundo, a pasearlos por lo que para mi seria esa tan ansiada calidad de vida, esa en la que se valora más un “gran corazón” que una abultada cuenta bancaria, que es mejor una buena dosis de ternura, unas cuantas carcajadas….y deje de escribir, porque recordé que entre los artículos que guardo, alguien ya había escrito lo que yo quiero transmitiros en este momento, busqué y busqué….

Aquí lo tenéis es de Ángeles Caso y esto es justo lo que yo quería escribir:

... O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sana que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.



No seáis..."Ese tipo de persona que se pasa su vida haciendo cosas que detesta, para conseguir dinero que no necesita y conseguir cosas que no quiere para impresionar a gente que no le importa"
(Gauvreay, E.H.)

Comentarios

  1. El artículo de Ángeles Caso es estupendo, y la frase que añades al final, el mejor consejo que puedes dar. Un beso, Ana

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  2. Si que es bueno, tenemos que aprender lo que realmente es importante.
    Un abrazo Chari

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  3. Buenísimo, sin palabras me quedo porque es de una verdad aplastante y que comparto. Gran abrazo Pilar.

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  4. Respuestas
    1. No tiene importancia, no es la primera vez que me confunden con Pilar Molina. Un beso.

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