¿QUIERES QUE TE CUENTE UN CUENTO…?



Estaba en su mundo, el paralelo al planeta tierra, similar en cuanto a características físicas, casi la misma proporción de agua que de tierra, mucho más pequeño, la misma belleza geográfica pero diferente, casi perfecto,  no recordaba cómo había llegado hasta allí, pero había vuelto, durante unos años (demasiados) había estado en la tierra, pensó que le gustaría, y no estuvo mal porque en la tierra lloró y también rió con más intensidad, en este mundo todos los sentimientos se dulcificaban, se allanaban, el sufrimiento no existía, pero tampoco la vida a carcajadas, todos los habitantes cubrían sus necesidades, no solo las básicas, todas eran todas.

Sentada en una hamaca, mirando a ese mar que era de un azul muy claro casi blanco, muy transparente, la arena de un blanco roto, con un libro en la mano, pero la mirada perdida, no leía, solo recordaba imágenes sueltas.

Cuando un día decidió visitar la tierra, pensó que la experiencia sería mejor, pero no supo aprovecharla, al menos eso es lo que sentía, igual tuvo muchas oportunidades al alcance de su mano pero o no las vio o pensó que llegarían mejores y las dejo pasar, eso es lo que sentía y así paso el tiempo, esperaba encontrar el amor y lo encontró, más de uno… intensos y diferentes, esperaba tener amigos y los tuvo, muchos pero pocos buenos, como el resto de los mortales, satisfacción  en el trabajo, los humanos trabajan demasiado descuidando la calidad de vida, y en su mente un incipiente deseo de volver… A pesar de todo espero, un año y otro, y otro…  finalmente pensó que lo mejor sería regresar a este mundo, con el que tampoco se identificaba, no era de ningún lugar.
Y un día despertó aquí, rejuvenecida, llena de vida, como si hubiese retrocedido 20 años atrás. Muy de vez en cuando le venían imágenes de un viaje largo no muy placentero, a veces inconsciente y casi agonizante, pero siempre con la seguridad de que no era el fin, sino el principio de algo nuevo, tranquila y feliz, con muchas cosas que igual echaría de menos, aun no lo sabía, eso solo el tiempo lo diría.
 
Se concentró en el libro, El Jinete Polaco, ¿de dónde salió? Seguramente lo traería con ella, se desarrollaba en un pueblo, Magina,  que le resultaba familiar, aunque no el nombre, al leerlo recordaba imágenes sueltas de una infancia que aunque parecía ser la suya, no lo era, pero allí estaba en una calle polvorienta, de casas bajas casi primitivas, todas con las puertas abiertas, y desprendían un olor que intentaba recordar, a comida mezclado con el calor de las vacas, estas no le gustaban, las veía pasear por las calles y procuraba alejarse, había muchos niños jugando y personas mayores sentadas en las puertas de las casas, charlando y riendo a veces, otras veces más serias y tristes. Recordaba esa diferencia abismal entre hombres y mujeres,  la mayoría de los hombres eran trabajadores del campo, cabizbajos, las mujeres dedicadas a los quehaceres de la casa y cuidado de los niños.

 
Volvió a mirar a ese mar casi blanco y se preguntaba de donde saldrían tantos recuerdos, imágenes sin secuencia, una calle bastante amplia y al final una fuente, mujeres con cantaros y ella se veía jugando,  riendo, corriendo alrededor con tan mala suerte que tropezó estampándose contra uno de esos cántaros que rompió, pero no recordaba de quien era, ni si alguna de aquellas mujeres le regaño por romperlo, o por el contrario la recogió con ternura, vio su rodilla sangrar, miro al mar, y se volvió a preguntar de donde salían esas imágenes, porque en los años que paso en la tierra no las vio, o no lo recuerda,  su vida en la tierra empezó cuando ya tenía 18 años y acababa de empezar la universidad, eso sí que lo recuerda claramente.


Estaba en una residencia solo de chicas, fue al baño, se echó en la cama porque estaba un poco mareada a causa de la menstruación, cuando despertó no sabía cuánto había dormido, pero ya no era esa muchacha de pueblo, de ese pueblo que no recordaba el nombre pero que se parecía tanto al llamado Magina de ese libro, El Jinete Polaco, ella en ese cuerpo que se parecía tanto al suyo, igual que la cara o el pelo, distintos, pero con un parecido formidable, y no fue muy consciente del cambio en ese momento, su mente recordaba todo lo más reciente, clases, amigos, familia, pero solo lo más reciente, por eso no llegaba a entender porque precisamente ahora la invadían todas esas imágenes, que seguramente permanecieron en algún rincón escondidas, temerosas de salir. No la mato, sabía perfectamente que tomo ese cuerpo sin vida, le dio aliento y espíritu, ahorro mucho sufrimiento a  madre, padre, hermanos, amigos, porque en la tierra se sufre, no están preparados para algo tan natural como abandonar ese mundo. Porque es difícil abandonarlo, a pesar de sus miserias, eso pensaba… ella que no era de ningún lugar.


Al principio seguía las costumbres de esa muchacha, pero en el fondo estaba perdida, confusa, miedo no tenía, a veces se adaptaba con precaución a las circunstancias. Y así paso el periodo universitario con intensidad, ahora siente desde la lejanía del espacio y el tiempo que  podía haberlo disfrutado mas,  miraba y observaba, observaba y miraba, todos tenían una rutina y la mayoría parecían felices, y le costó entender, porque no es que no entendiera, por ejemplo en las clases, entendía, pero no el porqué enseñaban cosas que en su mundo no tenían cabida, no eran esenciales, no eran necesarias, y muy superficiales, la oferta y la demanda, si hay mucha oferta bajan los precios, si hay poca oferta suben los precios, así funcionaba este planeta llamado tierra, en el que si había mucha oferta, esa oferta no llegaba a todos los rincones, o era una oferta no necesaria, pero eso no le preocupaba, su interés estaba en la gente, hizo amigos, en la residencia y en la universidad, todos tan distintos y tan iguales a la vez, con casi las mismas inquietudes, recordó a la chica pecosa no muy guapa, como allí se decía muy buena persona, muy buena amiga, con buenas notas, sociable, alegre y como a tantos otros le perdió la pista casi nada más terminar la universidad, tantos y tantos con los que disfruto de muy buenos momentos…y aquella otra que daba clases de matemáticas en magisterio con la que tanto se divirtió, la que tanto la apoyo cuando el amor se estaba desintegrando y a la que el cáncer le gano la partida, eso dolió...


Algo interrumpió sus recuerdos, un sonido no muy lejano, miro al mar y vio que venía el páter en su barca, le sonrió, él le hizo un gesto con la mano para que se acercara y subiera, dejo el libro a un lado y fue a buscar la llave, cuando de pronto se acordó que no había tal llave, no había ninguna necesidad de cerrar, en este mundo, no había ningún motivo para cerrar puertas, así que se dirigió a la orilla, el agua tenía una temperatura que le agradaba, como la piscina en verano de aquella casa en el campo, cuando el agua le llegaba por las rodillas espero a que la barca se acercara, subió en ella, le encantaba era como un pequeño porche flotante, con unas pérgolas de madera con una especie de toldo muy fino, con varias hamacas y plantas verdes muy brillantes, con margaritas casi de todos los colores, amarillas, rosas, azules, violetas, naranjas, una mesa baja con jarrones de agua fresca y bandejas de fruta  que no se parecían a las de la tierra, aunque el sabor era parecido al mango, a la piña, otras a los higos.
 
Saludo al páter,  este le dijo que tenían que ir a la entrada, la misma por la que ella hizo su aparición un tiempo atrás ¿meses?, porque alguien había llegado y por lo que le comunico el guardián parecía hablar el mismo idioma que ella en la tierra, le latió el corazón más aprisa, un terrestre aquí, con las pocas probabilidades que existían de que eso ocurriera, aunque no imposible. Después de cruzar el canal sin prisa, llegaron a la puerta, que es una forma de hablar, porque tal puerta no existe, solo un espacio amplio, como una playa con arena muy fina, el mar y al otro lado pequeñas dunas de arena, con algo de vegetación…

¡Y allí estaba!
 
 
“Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad” (Emily Dickinson)

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