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Mostrando entradas de noviembre, 2016

LOS "PORQUÉS"

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Paseando me encontré un ¿por qué? le salude, vi que llevaba recuerdos acomodados, de esos que parecen enterrados y afloran con poco que rasques.
Seguí con mis pensamientos, luego me cruce con otro ¿Por qué?  Este llevaba un puñado de equivocaciones pendientes de rectificar, le hice un guiño y seguimos cada uno nuestro camino.
Cambie de emisora, hablaban de abandono y renuncia ¿es lo mismo? No, conteste yo, abandonar a un ser querido más pronto que tarde causa una herida difícil de curar, renunciar es transigir ante la vida…también nos causa dolor, igual es la misma cosa con penas distintas…
En esto estaba cuando me topé con otro ¿Por qué?  Este iba cargados de secretos alborotados, ¡ah! Menudo dilema llevaba entre mantenerlos encerrados o liberarse gritándolos. Creo que ni me vio.
El siguiente por qué tenía lagrimas saladas, me pregunto si el miedo se iría con la sal de las lágrimas…levante los hombros y las dos cejas…y como ya imagináis seguí mi camino y…
Otro Por qué, llevando en su eno…

HILVANANDO SECRETOS

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LA NOCHE Allá en la infancia, Helena se hizo la dormida y se escapó de la cama. Se vistió de punta en blanco, como si fuera domingo, y con todo sigilo se deslizó hacia el patio y se sentó a descubrir los misterios de la noche de Tucumán. Sus padres dormían, sus hermanas también. Ella quería ver cómo crecía la noche, y cómo viajaban la luna y las estrellas. Alguien le había dicho que los astros se mueven, y a veces se caen, y que el cielo va cambiando de color mientras la noche anda. Aquella noche, noche de la revelación de la noche, Helena miraba sin parpadear. Le dolía el pescuezo, le dolían los ojos, y se estrujaba los párpados y volvía a mirar. Y miró y miró y siguió mirando, y el cielo no cambiaba y la luna y las estrellas continuaban quietas en su sitio. Le despertaron las luces del amanecer. Helena lagrimeó. Después se consoló pensando que a la noche no le gusta que le espíen los secretos. Eduardo Galeano Los sueños de Helena

PRINCESA DESTERRADA

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Se puso toda guapa, se pintó de rojo pasión los labios resecos por las palabras adheridas de tantos años, abrazó a modo de despedida los recuerdos más hermosos y hecho a andar, su mente al límite de la confusión le decía que era el momento de comenzar una nueva fase, avanzar aún a riesgo de perderse, los que están realmente perdidos son los que van mal acompañados, le decía su madre.
Con frío en el cuerpo pero el corazón abrigado, sintió como atrás quedaba su vida tan ordenada que le desordenaba el alma, atrás quedaban los domingos con su vestido de domingo a juego con los zapatos que le hacían daño todos los domingos, la coleta tirante de los domingos, temprano en casa y tarde en la cama, creciendo con la inercia de absurdas rutinas.
Atrás quedaron los gatos de las tías, las vacas sin ordeñar, las calurosas noches de verano y el barro de los charcos de invierno, las risas y los lloros, los juegos en el corral y las películas en blanco y negro, canciones a tiempo que regocijan, cancione…