sábado, 19 de noviembre de 2016

LOS "PORQUÉS"


Paseando me encontré un ¿por qué? le salude, vi que llevaba recuerdos acomodados, de esos que parecen enterrados y afloran con poco que rasques.

Seguí con mis pensamientos, luego me cruce con otro ¿Por qué?  Este llevaba un puñado de equivocaciones pendientes de rectificar, le hice un guiño y seguimos cada uno nuestro camino.

Cambie de emisora, hablaban de abandono y renuncia ¿es lo mismo? No, conteste yo, abandonar a un ser querido más pronto que tarde causa una herida difícil de curar, renunciar es transigir ante la vida…también nos causa dolor, igual es la misma cosa con penas distintas…

En esto estaba cuando me topé con otro ¿Por qué?  Este iba cargados de secretos alborotados, ¡ah! Menudo dilema llevaba entre mantenerlos encerrados o liberarse gritándolos. Creo que ni me vio.

El siguiente por qué tenía lagrimas saladas, me pregunto si el miedo se iría con la sal de las lágrimas…levante los hombros y las dos cejas…y como ya imagináis seguí mi camino y…

Otro Por qué, llevando en su enorme P un montón de años de amor y dicha y en su enorme Q otros tantos de desamor y desdicha, le lance un beso.

¿Por qué? Este llevaba tiempo de olvido, cuando de pronto se dio cuenta de que la llevaba cosida en alguna de sus vocales.

Y en la radio seguían con su abandono emocional y su renuncia, con el abandono acompañado de renuncia…y le veo venir, sí, otro Por qué henchido por la pérdida, le dije si es tan importante encuéntralo o encuéntrala, si no te ves capaz, olvídalo u olvídala, para ambas cosas necesitaras esforzarte, no te quepa duda.

Que paseo me estaban dando…los de la radio digo, los “porqués” me parecieron de lo más curioso… ¡Madre mía, cuantos porqués andan sueltos por la vida!



¡Qué pena, que sea así todo siempre,
Siempre de la misma manera! (León Felipe)

jueves, 10 de noviembre de 2016

HILVANANDO SECRETOS


LA NOCHE
Allá en la infancia, Helena se hizo la dormida y se escapó de la cama.
Se vistió de punta en blanco, como si fuera domingo, y con todo sigilo se deslizó hacia el patio y se sentó a descubrir los misterios de la noche de Tucumán.
Sus padres dormían, sus hermanas también.
Ella quería ver cómo crecía la noche, y cómo viajaban la luna y las estrellas. Alguien le había dicho que los astros se mueven, y a veces se caen, y que el cielo va cambiando de color mientras la noche anda.
Aquella noche, noche de la revelación de la noche, Helena miraba sin parpadear.
Le dolía el pescuezo, le dolían los ojos, y se estrujaba los párpados y volvía a mirar. Y miró y miró y siguió mirando, y el cielo no cambiaba y la luna y las estrellas continuaban quietas en su sitio.
Le despertaron las luces del amanecer. Helena lagrimeó.
Después se consoló pensando que a la noche no le gusta que le espíen los secretos.
Eduardo Galeano
Los sueños de Helena

domingo, 6 de noviembre de 2016

PRINCESA DESTERRADA



Se puso toda guapa, se pintó de rojo pasión los labios resecos por las palabras adheridas de tantos años, abrazó a modo de despedida los recuerdos más hermosos y hecho a andar, su mente al límite de la confusión le decía que era el momento de comenzar una nueva fase, avanzar aún a riesgo de perderse, los que están realmente perdidos son los que van mal acompañados, le decía su madre.

Con frío en el cuerpo pero el corazón abrigado, sintió como atrás quedaba su vida tan ordenada que le desordenaba el alma, atrás quedaban los domingos con su vestido de domingo a juego con los zapatos que le hacían daño todos los domingos, la coleta tirante de los domingos, temprano en casa y tarde en la cama, creciendo con la inercia de absurdas rutinas.

Atrás quedaron los gatos de las tías, las vacas sin ordeñar, las calurosas noches de verano y el barro de los charcos de invierno, las risas y los lloros, los juegos en el corral y las películas en blanco y negro, canciones a tiempo que regocijan, canciones a destiempo que destrozan, princesas bobas y sapos embaucadores, la soledad y el miedo en los fogones, la dicha de enamorarse, el sin sabor de enamorarse bien, los silencios del amor y los otros, los del daño…


Siguió avanzando, con todas las huellas del tiempo en el cuerpo y en el alma, consciente que no podría borrar las del cuerpo pero si cauterizar bien las del alma hasta casi dejarla  intacta.

Las culpas se pagan una vez muerto, craso error, las culpas se pagan aquí, en este mundo, y había pagado tantas, las suyas y las ajenas, tantas... ¡que le salían a devolver!


Sonrió, tanto tiempo desorientada y ahora en una sola dirección.



   “El problema no es que solo usemos el diez por ciento de nuestro cerebro, sino que no utilizamos ni el dos por ciento de las emociones de nuestro corazón” (Ama tu caos, A. Espinosa)


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