GOZOS Y SOMBRAS


Que importa mi nombre, si me llamo  María y aun me llaman Mari, o quizás Dolores y aún me llaman Loli, tengo 50 años y soy escritora, tengo cierto prestigio, de mis libros  se venden los suficientes como para vivir sin excesos y sin penurias, desahogadamente, en eso soy afortunada,  aunque aún recuerdo tiempos peores en los que no diré que pase hambre, pero mi alimentación era escueta, sin muchas variaciones, pasta, arroz,… pero la imaginación hace milagros y yo siempre supe, o quizás lo aprendí ante la necesidad, a hacer un plato suculento con casi nada, hoy día sigo haciéndolo, me dan unas zanahorias, cebolla, ajo, laurel, un poco de mantequilla, queso batido y una yema de huevo, y os garantizo que no podréis creer que con tan pocos ingredientes sea ese el resultado.

 Intento trabajar por las mañanas, sin madrugar, no me gusta madrugar, otras veces en las siestas de verano, y por las noches rara vez lo consigo.

A lo que iba, tengo ya media vida, cuando cumplí los cuarenta no fue precisamente la crisis del cambio de década lo que me asalto, si no la duda de si me daría tiempo a realizar todo lo que mi mente se proponía y tendría la suficiente energía para realizarlo, ahí es donde empiezas a cuidarte un poco más, y no por añoranza de la juventud, solo por el paso del tiempo que no se recupera.

Que todos mis momentos del pasado, los buenos, los menos buenos, los regulares no son especiales, pero a mí me basta con que me gusten, o será que ahora miro con otra perspectiva y los años te acercan a la anhelada paz con una misma, te hacen apreciar, aprovechar y disfrutar del tiempo libre, incluyendo la soledad de los días, no os lo he dicho pero no formo parte de esa sociedad que vive felizmente en pareja, ni me he sentido frustrada por no tener hijos.

Y no es que no lo haya experimentado, lo de vivir en pareja digo, hace años lo estuve con un hombre que me sedujo con la sonrisa y la mirada a partes iguales, aunque he de reconocer que soy bastante enamoradiza, lo que no me lleva necesariamente  a lanzarme a los brazos de otra casa, ni hacer un hueco en la mía. No niego que enamorarse sea uno de los grandes placeres de la vida, pero no basta para colmar el día a día de nuestra existencia, ni bastan las deliciosas noches sino abocan en dulces horas del amanecer, ese día a día que siendo tan similar resulta tan distinto, en el que la rutina no se instala más que mínimamente lo justo, sin entorpecer el camino de la imaginación y los sueños. 

Así que en algún momento fui consciente de que yo no servía para una vida en común, aquí es cuando me dicen: ¡eso es que no te has enamorado de verdad! No es cierto, cuando me enamoro es auténtico, pero lo de compartir toda la vida, igual es cierto que no he encontrado a la persona adecuada, o quizás también sea porque del estado de enamoramiento al amor hay un gran paso.

Y no penséis que soy poco agraciada, soy bastante atractiva, no sé exactamente en que radica mi atractivo pero sé que lo tengo, soy extrovertida, y puedo hacerte reír con facilidad y estilo. El problema es que no me atrae la costumbre ni la planificación.

Estoy sola pero no me siento sola (todos deberían aprender a vivir con ellos mismos); vivo sola pero no soy solitaria (del blanco al negro hay muchas tonalidades); elegí la situación que es muy diferente a que las circunstancias te la impongan.

Nuestro destino, no nos engañemos,  como animales esencialmente sociales que somos, es lograr la felicidad, y esta no se concibe sino la podemos compartir, disfrutarla en compañía, porque necesitamos la mirada del otro,  y reflejarnos en otros ojos.  Esa mirada y esos ojos pueden ser los mismos toda la vida o rodearte de cientos de ellos, amor, amigos, familia…algunas relaciones se complican, otras se fortalecen, otras se desvanecen, surgen otras, en ocasiones interviene el azar.

Se puede estar sola y felizmente acompañada o Acompañada y tristemente sola.

Soledad es la que siente el emigrante al desconocer la lengua y las costumbres de la tierra que le trata con desdén u le es  inhóspita, como la angustia de quien se debate entre dos culturas que refleja Hermann Hesse en el Lobo Estepario, o los rápidos y apresurados exilios de Steinbeck en Las uvas de la ira.

Soledad  angustiosa, ante la imposibilidad de comunicación como refleja Dante en la Divina comedia, al describir el noveno círculo del infierno, donde los desdichados enterrados en hielo están condenados a su eterna soledad, sin poder establecer contacto con nadie, porque sus helados ataúdes se lo impiden.

¿Hasta que punto somos libres de tomar nuestras decisiones?






“no hagas caso de las risotadas de los que te rodean ni de sus burlas ni de sus ruegos, no dejes que el ambiente microscópico que te rodea prescriba tus idas y venidas, no temas a la opinión pública encarnada en el vecino de la casa de al lado, cuando tienes frente a ti al mundo entero, nuevo y deslumbrante, y todo es posible siempre que pongas tus energías y seas independiente y aproveches las oportunidades cuando las tengas cogidas por el cogote”

Elizabeth Von Arnim


Comentarios

  1. Pensé que ya había comentado este post. Cada uno debe elegir lo que quiere hacer en la vida y disfrutar de las pequeñas cosas. Si se opta por estar sola es una buena elección. Por el contrario la soledad impuesta es la que no debería existir. Cuando una elige y hace lo que quiere debe estar feliz. Aunque nunca le felicidad es completa. un abrazo

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  2. Sencillamente brillante Ana. Una gran reflexión no es lo mismo estar sola que sentir el peso de la soledad estando en compañia...un gran abrazo.

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  3. Hola, Ana, encantado de haber encontrado tu blog y poder leerte.

    Recalcaría una frase del texto que has escrito: "¿Hasta que punto somos libres de tomar nuestras decisiones?". Un pregunta muy interesante.

    Yo pienso que el ser humano es libre de hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera, siempre y cuando no haga daño con ello a los demás, y sea respetuoso con su entorno.

    El problema está en hasta qué punto le preocupa lo que opinen los demás al respecto, porque si le preocupa mucho el qué dirán, esa persona por sí misma coartará su libertad de acción y pensamiento, será esclava de los demás.

    Que una mujer de cuarenta años no tenga pareja ni hijos, viva de sus escritos, y le guste improvisar sobre la marcha sin planificaciones previas, me parece una elección personal que no hace daño a nadie, es respetuosa con todo el mundo, y por ello debe a su vez ser respetada. La vida hay que disfrutarla mientras se tenga, y solo uno mismo es el responsable de que eso ocurra.

    Si eres escritora, entiendo que decidas según te apetezca, porque vives de tu creatividad, y esta no puede apresurarse ni ordenarse; pero sí debe cuidarse, porque cualquier problema la reduce drásticamente y la hace improductiva si vives de ella. Igual un día no te ves inspirada para escribir, y al día siguiente te sientes pletórica y tiras líneas perfectas a decenas; ciertamente, mejor no planificar en esos casos.

    Me ha gustado cómo explicas que se puede ser muy social pero a la vez vivir solo, por elección propia. Ha sido muy íntimo ese punto de vista y está bien argumentado, en profundidad.

    El mundo que nos rodea impone sus normas, algunas escritas en forma de leyes, y otras no escritas pero conocidas, moralmente aceptadas por todos. Seguirlas es elección de cada uno, no de los demás. Cuando uno no sigue la tendencia general, por llamarlo de alguna manera, se arriesga, o a ser alabado por su personalidad innovadora, o a ser repudiado por ser un rebelde; cuando muchas veces lo que quiere uno es pasar desapercibido. Es lo que hay.

    En definitiva, y resumiendo todo en pocas palabras, recurro a un dicho muy popular y sabio: "Vive y deja vivir".

    No sé si te ha gustado mi comentario, pero a mí sí me gustó mucho el tuyo, así que espero que no te moleste si te sigo en Google+ y Blogger. Espero tener algo más de tiempo para seguir leyéndote, tienes ideas muy interesantes y profundas que incitan a meditar, a reflexionar sobre lo que nos rodea, y eso me encanta.

    Un saludo cordial, buena lectura, y mucha suerte en tu vida y en los nuevos proyectos literarios que emprendas.

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    1. Precioso comentario. Me gusta casi mas que mi entrada. Un beso. GRACIAS.

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