domingo, 19 de febrero de 2017

EN EL ESPEJO DE MI ALMOHADA





Me enviaste un whatsapp: “enciende la velas, pon música, que en veinte minutos estoy ahí”

Era verano, mis días pasaban entre leer, nadar, escribir a la sombra de la higuera, y respirar la tranquilidad mientras regaba el huerto, esa era mi ocupación.

Al atardecer, horas antes de esconderse el sol, llegabas con tus abrazos y miradas, tu cuerpo exhausto no se rendía al cansancio. Cenábamos al aire libre, cerveza bien fría, parrillada de verduras y sardinas al fuego de la barbacoa, de postre los nigales dulces que nos ofrecía la higuera.

Algunas noches terminaban con un chapuzón desnudos en la piscina, ¡que forma de entenderse los cuerpos!, otras en silencio balanceándonos en la hamaca suspendida entre las dos moredas.

La ventana daba paso a la luna llena, reflejando olas de plata en el suelo, la cama una isla cobijo de náufragos abrazos, murmullo de alientos y palpitaciones del pecho.



Me enviaste un whatsapp: “La próxima semana tengo trabajo en París, ¿te vienes?”

A las ocho de la mañana, con el sueño aun rondándonos llegamos al aeropuerto.

Atravesamos la Plaza de Saint Michel, no sin antes tomar un copioso desayuno en Le Deux Magots, en el que tuvieron lugar largas tertulias literarias, admiramos la enorme fuente, y San Miguel sin dejar de luchar con el dragón nos guiño un ojo, soplaba el viento de la buena suerte, y como dijo José Luis Sampedro, cuando este sopla ¡todo es posible!

Entre bromas y risas nos adentramos por las encantadoras callejuelas del Barrio Latino, ese barrio con “estilo”, que fue punto caliente de la Revolución de Mayo del 68… me escuchabas sin interrumpir.


Paseamos de la mano por el Jardín des plantes y sus 4.500 variedades de arbustos nos dieron la bienvenida, descansamos en Les Jardins de Luxembourg, para proseguir nuestro paseo hacia el Pantheon que recorrimos casi en silencio para no perturbar el sueño de Marie Curie o de Víctor Hugo que en el descansan… la sorbonne…¡me compraste flores en Aquarelle!, visitamos diversas galerías de arte, y como amantes, también de la literatura, visitamos la librería Shakespeare and company, para acabar rendidos de entusiasmo en la terraza de Les Pipos.

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¿Te acuerdas Daniel?
¿De las noches de verano en el pueblo?
¿De los paseos por la playa?
¿De las calles de París?
¿Del día que pintamos emocionados la habitación de la bebe? La bebe, así te gustaba llamarla, cuando fantaseábamos de como seria su pelo o el color de sus ojos.
¿De aquel enfado que resolvimos hablando con una ginebra con tónica en mano, en la terraza de la novena planta de aquel hotel?

¿Te acuerdas...? Porque es que yo miro las fotografías de todos esos momentos, y no te encuentro.

Se te olvidó pasearte por mi vida.







AUNQUE TU NO LO SEPAS
...

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.
(Luis García Montero)


lunes, 13 de febrero de 2017

EN EL AIRE


En la España de los años 50 una amiga nada silenciosa  se había colado en casi todas las cocinas de todos los hogares, para dejar entrar y salir los sueños. Éramos pobres entonces…bueno, ahora también… y los valores de solidaridad y bondad con el más necesitado parecían más indispensables que nunca…bueno, ahora también.

A través de esta charlatana compañera se colaban los concursos, canciones populares, seriales y demás folletines en los que la gente, nuestros mayores de hoy,  reconocían su propio mundo sentimental.

Ese mundo que en la dictadura, como dijo Jon Murelega Ibarra anestesió a una sociedad consagrada al hambre, enmascarando problemas de toda índole que azotaban el país.

El fútbol sustituyo  a la penuria, los seriales a la venganza y los concursos a la represión y cerrazón política y cultural.


En los años 60 y 70 adquirir un televisor era muy difícil económicamente hablando, por lo que el uso de la radio siguió llegando a todas las personas, de cualquier clase social, edad, religión o raza. Todos pegaban la oreja ante las nuevas noticias que narraba el locutor de turno, haciéndonos testigos de acontecimientos de gran trascendencia, algunos dejándonos sin respiración, como ese 16 de julio de 1969 en el que Neil Armstrong piso la luna, y ¿Quién no ha oído hablar de ese 1938 en el que un joven Orson Welles aterrorizaba al mundo?



Con los tiempos ha cambiado, ¡menos mal! Y no solo ha sobrevivido sino que se ha crecido ante los nuevos medios que nos traen diversas redes sociales.

Mi pasión por la radio me vino algo tardía, la televisión ha quedado relegada a un simple adorno al que hay que limpiarle el polvo…

Me levanto temprano, odio madrugar, una vez que te pones en marcha todo alrededor conspira para que la mañana sea más agradable, el aroma a café, el beso de buenos días y… ¡sintonizo la radio! Siempre con un programa ameno que provoque sonrisas o risas a carcajadas, no es hora de empezar con noticias o temas profundos, ya tendré tiempo durante el resto de jornada…

Y así  empiezo el nuevo día…suena Antonio Vega en la radio,

un nuevo día café en mano,
un nuevo día para seguir apreciando pequeños gestos,
un nuevo día para dejar las prisas a un lado,
un nuevo día para disfrutar de las conversaciones,
un nuevo día para alegrarme de los que me escriben o me llaman,
un nuevo día en el que ignorare lo malo y saldré un rato,
un nuevo día…
Y días que no volverán sigue sonando en la radio



13 de Febrero, Día Mundial de la RADIO


sábado, 11 de febrero de 2017

SON DE PAZ


Tantos días de encuentros, de despedidas tristes y desoladoras otros.

Tantos días de sol y otros tantos nublados, con sus noches de luna, ahora llena, ahora menguante, ahora creciente.

Tantas mañanas ecuánimes  que arrasan los sentimientos enardecidos de las noches.

Fluyendo todo para protagonizar los acontecimientos de la vida, cuando me ofrece sus brazos hospitalarios, cuando me arroja con violencia de ellos, cuando me sonríe amable y generosa, cuando me hace una mueca burlona e indómita.

Adopto la firme decisión de ponerle montura, meter los pies en los estribos para afianzarme y cabalgar a lomos de su estela sin remordimientos y a ser posible con pocas lamentaciones, tratando de aspirar toda la felicidad que se cruce en mi camino, manteniendo el equilibrio para conquistarla otra vez y mil veces si fuesen necesarias.




A sabiendas de que intentara lanzarme al vacío, porque a la vida le da igual si la cabalgas o te quedas estancada mirándola, así que o luchas para no caer o te rindes embarrada contemplándola pasar, ajena, ella seguirá con su marcha impertérrita.

Caigo una vez, otra vez…demasiadas veces y golpeo el suelo como una niña exasperada e impotente ante tanta frustración, consciente de que el globo de la angustia está cada vez más henchido, entonces solo hay dos salidas: explotar o desinflarse.

Decido dejar salir el aire lentamente y contemplar como hace piruetas  mientras exhala esa mezcla de rencor y emociones apasionadas.


En ese estado de agitación me  invade la placentera sensación de que voy en la dirección correcta y entonces me sonríe el corazón, tomando impulso doy un salto de alegría para subir de nuevo  a su lomo aunque hayas perdido la montura, a pelo, con la confianza y complicidad que se crea entre  un jinete con su caballo, agarrada con suavidad a sus crines y susurrándole al oído: tranquila, voy en son de paz.


No es riqueza ni esplendor, sino tranquilidad y ocupación lo que te da la felicidad.
Thomas Jefferson.