AGOSTO, UN PLACER



Nunca, ni un solo día pongo el despertador en vacaciones, me levanto cuando me despierto, y hoy desperté demasiado temprano a pesar de no haber dormido más de cinco horas, me preparo un café y salgo a correr, primero a un ritmo frenético que solo me duró unos cien metros, aminoré la marcha, me sentía renovada, pletórica, intentando asimilar la suerte que tengo, empecé a caminar disfrutando del amanecer, me fui hasta el mercado, flores y fruta, total ausencia de pensamientos en la cabeza y el cuerpo cálido y cansado, disposición absoluta para darle la bienvenida a septiembre o a lo que fuese que de seguro tendrá buen ritmo y armonía, esperando que el destino no tenga entre sus planes jugarme una broma pesada, pero ya aprendí que del dolor no sé puede huir, pero si masticarlo lentamente para digerirlo sin que se indigeste, para que no moleste.

Cuando llegue el día que la parca venga a buscarme quiero que me encuentre así, ilusionada, curiosa, llena de todo lo bueno atesorado por el camino de los años, que me deje un momento ser pájaro para sobrevolar sobre mi niñez, sobre mi adolescencia, sobre mi juventud y planear con regocijo sobre mi madurez, tomar conciencia de que el camino valió unas penas y muchas alegrías.

Que todos los momentos del pasado formen una historia.

Mi historia.



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