UN JUEGO DE CASITAS

Andrea deseo a Daniel nada más verlo, sentada en una mesa del Café de le Paix, al temprano anochecer del otoño, él en la mesa contigua, se aliso el flequillo, se estiro el vestido, cogió el bolso y con pasos firmes se acercó y le dijo “para desayunar me gusta el café solo, las tostadas con aceite y mermelada de tomate.” El la miro con asombro, dirigiéndole una media sonrisa, lo que veía y escuchaba le gustó. Se dirigieron a Les Pipos, paseando por el Boulevard Saint Germain, charlaron y rieron hasta la medianoche, y contra todo pronóstico para Andrea que siempre la acompañaba la prudencia, esa que le aconsejaba no irse con un desconocido, y que en esta ocasión la desplazó con un fuerte empujón por "la señorita sensación es distinto", o quizás fue el sentirse especial cuando comprobó todas las miradas de envidia que se posaban en ella, era la elegida por ese hombre tan atractivo, a lo que su intuición femenina añadió que no solo era "fachada"...sí, se fueron ju...