EN TIERRA DE NADIE

Me he puesto cómoda, dispuesta a escribir, sin nada en mente, sin ningún borrador, no importa tengo toda la noche por delante, sentada al raso, siempre me gusto tumbarme mirando al cielo, sin ninguna tapia o valla contra la que se estrellen mis ojos ni mis pensamientos. En silencio, las palabras despegan hacia paraísos exóticos, revolotean hasta que vuelven a bajar posándose sutilmente transformadas por la luz de la luna en fantásticos personajes de cuentos, y la noche aliada se encarga de convertirme en uno de ellos. El pensamiento emprende su viaje libre de obstáculos, recogiendo sueños, calmando el espíritu para poder decidir sobre cualquier cosa, soltar lastre, dejar a un lado la realidad, evadirnos de ella porque a veces nos oprime con demasiadas leyes y con tanto texto imposible de asimilar, eso sí, intentamos cumplirlas como podemos, hilvanando a veces, deshilvanando otras, dudando de cómo quedara la labor, procurando que no tenga muchos defectos, y ...