PERDIENDO LOS MIEDOS

Mejor un largo olvido que un largo tormento, por un amor que no sacia, que vulnera, que te anula poco a poco y te hace creer que vales poco, el amor no se suplica, ni se mendiga, no te creas eso de que en el amor todo vale y que toda renuncia es poca porque te puede abocar casi con toda seguridad a una vida de carencias, y el mejor premio que puedes obtener es el de actriz secundaria de tu propia vida. Que el amor es ciego, vale, tampoco hay que perder el romanticismo, pero si cierras los ojos que sea con el respeto bien abierto. Olvídate del orgullo, pero nunca de la dignidad. Si echas en falta un te quiero, caricias que te ericen la piel, los gestos de complicidad, pasear sin rumbo, las conversaciones hasta altas horas de la madrugada, los abrazos que coronan los pequeños triunfos, los momentos de sorpresa, los pequeños detalles, las palabras de aliento, que te digan lo bien que te sienta esa sonrisa, lo interesante que te pones cuando te concentras,...