AQUELARRE

Sentados en semicírculo, alrededor de la chimenea alimentando el fuego, fuego prodigioso que a su vez alimenta nuestra alma y nuestras palabras, escupiéndolas dentro de una gran marmita imaginaria como si de sapos, culebras y vísceras se tratara, para deshacer hechizos y traiciones. Dejamos salir historias, unas ya conocidas pero silenciadas, otras ocultas deseando asomarse a esta noche que ¡quién sabe! sí con el olor a jabón de los lilos quedaran blancas y radiantes, la hierbabuena evocará amores prohibidos, corazones rotos, pasiones truncadas. Seguimos auscultándonos como el médico a su enfermo, poco a poco, ¿te duele aquí? ¿En esta parte?, ¿la del futuro incierto?, ¿en este hueco que dejo la amiga que se despidió de la vida demasiado pronto? ¿En esta cicatriz que dejo la traición? ¿En esta otra que dejo el abandono? Y así llegas hasta un punto imperceptible, un minúsculo átomo en el centro del corazón que expande sus gritos en ondas...