ISTMO

Eran las 7’13 de la mañana de un jueves, en quince minutos empezaría la rutina diaria de esa vida serena por la que transitaba, consciente de lo que era y pensando en todo lo que podría haber sido…café solo, aceite de oliva en el pan de centeno que compraba día sí, día no, al panadero que aparcaba su furgoneta en lo alto de su calle puntualmente todos los días, hacÍa sonar el claxon y en pocos minutos se congregaran a su alrededor un puñado de vecinos para abastecerse e intercambiar unos buenos días e impresiones. Un largo paseo, iría a nadar y luego volvería a casa a su acogedor porche, a escribir a ratos, a trabajar muchos otros. Dicen que las rutinas acaban con la inteligencia porque el que hace todos los días de su vida lo mismo no necesita pensar ni improvisar, solo dejarse llevar. Aquella mañana de jueves que podría haber sido de lunes en una edad que no se es joven ni vieja, tan reciente y lejana, que la visito esa pregunta ¿Cómo se cambia el ahora? Zancada-zancada, sus ...