EN LA EDAD DE HACER LO QUE ME DE LA GANA
Atrás quedo la de hacer lo conveniente.
Te alejaste poco a poco, sin palabras, sin ruido, sin
reproches y mi alma empezó a encallecer ante la ausencia sin sentido, mi mente
se quedó de piedra cuando tu no discurso alejo mi cuerpo del tirón.
No te voy a engañar, duele, al principio duele, luego lo vas
asimilando y asumiendo que es lo que hay que hacer. Si me necesitas siempre estaré,
si no me necesitas, por algo será, fue jodido aprenderlo, pero aprendido esta.
Ahora que la sal y el roce de las olas han limado mis callos
puedo decirte que por mi estará bien todo lo que tu hagas, en serio, nunca
sientas que me debes nada, doy las gracias por tenerte mientras pueda, incluso
en la ausencia.
Hay dos tipos de ausencias las de las personas que no podrás
olvidar pero llegara el día en el que las dejaras de querer y las de las que no
podrás olvidar ni dejar de querer, aciertas si piensas que estas en el segundo
grupo.
No hay reproches, dondequiera que estés tú, dondequiera que
este yo, incluso cuando ya no este, solo deseo y deseare que la vida te sonría,
tu haz lo que creas conveniente para conseguirlo, sea lo que sea, a mí me parecerá
bien.
Las cosas podrían ser de otra forma, me hubiese gustado que
fuesen de otra forma, pero ¿sabes? No somos el puto ombligo del mundo, no todo
se amolda a nuestras pretensiones, se mueven, varía el rumbo de lo que teníamos
pensado, aunque a veces se produce el milagro y los planes salen según lo
previsto.
Soy mayor, se hasta dónde llego y a donde no puedo asomarme,
se lo que quiero y lo que no, creo que mi vaso de la responsabilidad está a
punto de rebosar, y solo me queda tiempo para tener y hacer un lugar
confortable en este mundo.
Sera que tumbada en la arena de la playa, acunada por el
murmullo de las olas la calma acalla a la tempestad, será que la vida al lado
del mar va a otro ritmo.
Cuenta la leyenda que dos amigos caminando por el desierto
empezaron a discutir y uno le dio una bofetada al otro, lastimado escribió en
la arena: “mi mejor amigo me dio una bofetada. Siguieron caminado y encontraron
un oasis donde decidieron bañarse, el abofeteado estaba ahogándose y su amigo
lo salvo, recuperándose escribió en una piedra: “Mi mejor amigo me salvo la
vida”
El amigo pregunto: “cuando te lastime escribiste en la arena
y ahora en una piedra ¿Por qué?” El
lastimado y salvado respondió: “Porque en la arena los vientos del perdón
pueden borrarlo, en la piedra no hay vientos que lo borren”
Aprendí a escribir mis heridas en la arena y mis dichas
en la piedra.
“Hoy voy a hacer algo solo por diversión. Voy a encontrar algo para hacer que sea sólo para mí y no me preocuparé por lo que debería estar haciendo. Voy a aprender a hacerme sentir bien y disfrutar de la vida al máximo.” (M. Beattie)
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