miércoles, 28 de septiembre de 2016

SIN PREVIO AVISO


Las vio partir rumbo a la playa y volvió  a entrar en la pastelería, saco del pequeño almacén las mesas, solo cuatro con sus cuatro sillas a la terraza también pequeña, le hubiera gustado ir con ellas, cosa imposible en esta recién estrenada época estival, le gustaba su trabajo que empezó casi sin darse cuenta cuando se quedó sola con Andrea, tan pequeña, primero se sumió en la tristeza, la vida le quedaba grande y lejos, solo quería dormir, no tener que levantarse nunca, su cuerpo ahora tan ajeno, le pesaba, el aire que respiraba parecía que quería asfixiarla.

Todos esos años juntos y ahora esa sensación de que no les dio tiempo a nada, se arrepentía ¡y de qué manera! de lo que parecían discusiones tontas, detalles inocentes, como cuando deseaba terminar pronto la comida para levantarse de la mesa… tengo cosas que hacer, pero ¿Qué cosas? Ahora lo pensaba, nada que no pudiera posponer, entonces no lo sabía que la vida lo mismo que viene se va, de que no le dio tiempo de conocer ni la mitad de sus cosas, aquellas que le quería contar, ya no podría contarle sus miedos ni sus sueños.

Él se fue así sin previo aviso y a ella no parecía quedarle otra que hacer lo mismo, intentar escapar de su cuerpo, un cuerpo que de nada le servía con un corazón en mil pedazos,  el dolor seria ahora su compañero, no lo podría olvidar, ni necesitaba mirar sus fotografías para recordar sus ojos, esas fotografías de eterna juventud que reflejaban su soledad,  sus oídos no querían escuchar, que tenía que ser fuerte, que había que seguir…¿Cómo se aprende a ser viuda con una niña pequeña en una edad en la que debería de estar feliz en pareja, en familia, o quizás soltera bailando por la vida? Porque su amor no era un amor con fecha de caducidad, era amor de futuro, tantas cosas planeadas y no les dio tiempo, ese que querían compartir de por vida, pero la vida se va cuando menos te lo esperas.


Una vez colocada la terraza, con flores frescas en las mesas, entro a terminar las cajetillas, ese típico dulce de almendra de tradición Andalusí, ya tenía preparada la base de harina de trigo sin refinar con huevos frescos, la pasta de almendra para su relleno, esa pasta que se convierte en algo mágico en la boca, una explosión de sabores que traslada a otra época y cultura…y su mente siguió recordando…


Aquel día en el que su pequeña le entro un café que ella misma le había preparado, un poco aguado, bastante aguado,  al incorporarse para besarla se topó con esos enormes ojos verdes que contradecían a la sonrisa de su boca, la abrazo encarcelando las lágrimas, a las que les dio un pequeño permiso carcelario nada más quedarse sola, lloró como no lo había hecho desde que él se fue, desde que se paró el mundo y él aprovecho  para  bajarse de la vida, la vida lo mismo que viene va, cuando las lágrimas hicieron su función tranquilizadora se metió en la ducha y el agua le arrebato la desidia, con paso firme se dirigió al armario y saco todos los tristes vestidos de luto, que a él tanto le desagradarían, se vistió como siempre, como antes de, se maquillo ligeramente y los nuevos colores le pintaron un plan de vida, ser feliz por los dos, él no era tristeza, era locura y atrevimiento, él no le perdonaría que desperdiciara su vida, ni ella misma se perdonaría que su pequeña, su princesa, no tuviera una vida educada en la alegría.

En una de las mesas se sentó una pareja, y los recuerdos siguieron instalándose, acomodándose sin traer con ellos el dolor, y anoto: dos cafés, un bol de frutas con muesli y yogurt, tostadas con revuelto de huevos y atún, buena elección y les sonrió.
Y así entre clientes y masas, sonrisas y nostalgias a partes iguales transcurrió otro día, lacando recuerdos, embelleciéndolos, inventando fantasías, tropezándose con la realidad...

Entro Andrea corriendo, hablando atropelladamente, con las manos manchadas de pintura, regalándole un dibujo, había pintado el mar, ese mar hecho para amantes  por el que ella paseo tantas tardes…le sonrió diciéndole: no dejes nunca de pintar, que era su forma de decirle, no dejes nunca de sonreír, de vivir.


“Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad 
de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que los libros dicen que se puede. Perdóname si tantas veces me anduve quejando por bobadas. Un día me dijiste que yo tenía cara de mujer a la que siempre se vuelve y yo te espero ahora o cuando sea y donde sea y como sea. Quiero que sepas.”

Eduardo Galeano
(
La carta que no llegó )

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿DE QUE AZUL ESTARÁ EL CIELO?



Acaba el verano y con él el feliz desorden, aproximándose con sigilo, con sus calmas y serenidades el otoño, sin hacer ruido, intentando vestirnos de sensatez, con sus tardes frescas y sus mañanas cálidas como sus colores que nos hipnotizan con atardeceres fugaces y resplandecientes de naranjas, ocres amarillos de hojas cansadas que alfombraran el campo, los parques.

Y mi despertador volverá a sonar a las 7, y no porque quiera así estirar el día o sea de las que piense que habrá tiempo de dormir, pero siempre con la misma necesidad de -arropada por un chal de vivos colores- salir para ver de qué color está el cielo, cerúleo, lino, gris, provenzal, mirar los arboles cada vez más desnudos, una vez inspeccionado el frio de la mañana necesito tomarme un café recién hecho, poner la radio y meterme en la ducha con la esperanza de que el agua no solo limpie el cuerpo sino que se lleve todo lo negativo que pueda traer el día por el desagüe, ahora otro café con más calma, saboreando la mermelada de tomate sobre el aceite de mis tostadas, sintiendo como se deshace en mi paladar.

Vestirme con la ropa, mil veces pensada antes de acostarme, otras improvisando, y me maquillo, aun a sabiendas de que no sirve de mucho porque la alegría hace su función, otros días te maquillas con la misma conciencia de que no sirve de nada  ¿Cómo se maquilla el dolor? Porque no nos engañemos la vida no es una fiesta interminable, hay días preocupados y días despreocupados.

Caminar un rato por las calles, cruzándome con algunas sonrisas y algunas miradas lánguidas por el peso de la vida, hasta llegar al aula con los mismos nervios de cursos anteriores pero ya suavizados por la experiencia,  la mañana contra todo pronóstico pasa rápido.

Con suerte habrá una breve siesta que me traiga un nuevo amanecer con otro café y un escueto paseo que me lleven de nuevo al aula.

Al final del día unas cervezas, da igual que sea lunes o viernes, acurrucarnos en un rincón del salón devorando vino y libros a partes iguales.

Vendrán los fines de semana para llenarnos del feliz desorden de la época estival en la que no existen las horas, ni las alarmas al despuntar el día.

Y sé lo que estáis pensando, todos los días igual, os equivocáis, hay un truco, vivir cada día no como si fuese el ultimo sino el primero, la primera vez que entras a un cine, el olor del primer café, el primer beso, la primera vez que entras a un museo, siempre el primero… con la mirada infantil que mantiene viva la capacidad de sorpresa, las ganas de evolucionar, a veces caminando, a veces trepando, otras volando, sin dejar que la vida te rodee.

Y así pasara el otoño del que lo único que me disgusta es que es la antesala del invierno, he escrito de la primavera y el verano, pero nunca del invierno, quizás este año lo haga… quizás.





 EL OTOÑO SE ACERCA de Ángel González

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.



jueves, 15 de septiembre de 2016

LOS CINCO (SIN) SENTIDOS DEL AMOR.


Así se comportan los cinco, revoltosos, trastornadores, porque el amor le da la vuelta a todo lo que vemos, oímos, tocamos, olemos, probamos… ¡y sentimos!

Empezare con la VISTA ya que tanto se habla del amor a primera vista o a primera risa, será porque la sonrisa es lo que captamos en primer plano por la retina, capturando todas las imágenes al revés ¡sí, al revés! en la trastienda del ojo que las envía al cerebro, este el muy pillo (para que luego digamos que corazón y cerebro no son cómplices) ya tiene desactivada un área, justo la relacionada con el miedo, de ahí lo de “ciego es el amor”…cuando llega, porque ¡ay! que lucido es cuando se marcha.

Ese cruce de miradas en cualquier parque de cualquier boulevard, mientras le lanzas una y otra vez la pelota a tu fiel amigo, o cuando en cualquier mesa de cualquier café, levantas la vista del periódico y ahí está, sonriendo(me)

Tras esa primera risa, esa primera vista, esa ceguera… empecemos a mirarnos sin filtros, sobre todo habrá que eliminar el de la idealización, es el momento de que el cerebro no necesite tener ninguna zona desactivada, que el enamoramiento de paso al amor para mirar… mirar dentro de ti y que me muera de ganas, y que mires dentro de mí y te mueras de ganas.


Que las miradas lo digan todo, y para escuchar todo lo que hay que decir se agudiza el 





OIDO por el que atraviesan los susurros, silencios y palabras, abriéndose paso para llegar y conquistar el corazón, plantándole un poema a modo de bandera, y así apropiarse de los afectos, ahuyentando a la tristeza y noqueando la decepción.

Ahora suena una balada, un bolero, una de autor, un blues… “Quand il me prend dans ses bras/ il me parle tout bas /Je vois la vie en rose…” que parece que están escritas para nosotros.


Y entre canción y canción se cuela esa melodía que tarareas al oído con compases de pequeños mordiscos, la respiración se agita, el corazón se detiene un momento, y de pronto empieza a latir con más fuerza para dejar entrar en escena al





TACTO para reconocernos con besos que sanan las heridas y empiezan a meter mano… a la felicidad, con unas manos convertidas en hábiles exploradoras en busca de nuevas zonas para hilvanar caricias y derrotar a la cordura.


Esas mismas manos una rodeando  la cintura para improvisar un baile cualquier noche de cualquier día en los que le plantamos cara a la rutina, la otra ofreciendo una copa de vino  del que primero percibo el aroma empezando a despertar el




OLFATO, para aspirar ese olor que se hará inolvidable, no el de un perfume o el de la ropa recién lavada, no, el propio olor corporal que despierta feromonas adormiladas pero alertas en algún lugar del cuerpo, ese olor que lo impregna todo, que te lo llevas puesto como cuando pasas por uno de aquellos hornos de leña de mi infancia y el olor a pan a masas te lo llevabas consigo de por vida.


Oler como se aproxima el otoño sin remedio, y habrá que abrigar la cama con nuestros sueños. 


Sueños, pan, café, vino…todos nos llevan al GUSTO (olfato y gusto casi siempre van de la mano) para bebernos los amaneceres llenos de sonrisas, miradas, susurros, silencios, palabras, melodías, besos, caricias… y vuelta a empezar.




"De amor no preguntes nunca a los cuerdos, los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca” (Jacinto Benavente)

domingo, 11 de septiembre de 2016

PARA LOS QUE PREGUNTAIS...CON UN POEMA DE jOSÈ SARAMAGO OS CONTESTO

 
 
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces, es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas…
Valen mucho más que eso.
 
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
 
José Saramago
 
 

jueves, 8 de septiembre de 2016

LA VIDA ES PARA CRECER Y APRENDER


Ángeles estaba escribiendo un whatsapp a  su nieta, ella que hacía apenas un año no sabía leer ni escribir.

Recordaba con algo de tristeza aquella niña que fue… menuda, de piel morena y pelo negro casi siempre recogido en una cola de caballo o en una trenza, con los ojos tan negros como tímidos y curiosos, ser la única mujer de cuatro hermanos le condiciono la manera que ella debería de vivir, eso y la posguerra que les dejo los  vientos de frio, hambre, desprecio y silencio de una guerra, a lo que se unió que el régimen apartara a las mujeres de la cultura, para ella esto era lo de menos, ir a la escuela para aprender a ser una buena ama de casa, madre y esposa no le interesaba (montones de ilustraciones con mujeres sonrientes con la fregona en la mano lo avalaban),  lo que realmente se lo impidió fue la pobreza y el machismo que la rodeaba.



No aprendió a leer aunque obtuvo un máster en sortear la miseria, fregando, lavando, cocinando y el escaso tiempo que quedaba para el ocio lo dedicaba a coser, así es como en su casa era poco más que una empleada domestica. Nunca leyó, ni nadie le leyó cuentos antes de irse a dormir, ni escribió su nombre en un corazón dibujado en cualquier trozo de papel.

Con catorce años se puso a trabajar como empleada domestica de otro hogar, a los dieciocho su casamiento no le trajo mas libertades, seguir sirviendo  haciéndose cargo de un marido y criar tres hijos y una hija, todos estudiaron, de eso se encargo ella misma trabajando todo el día y gran parte de la noche, cuando su hija le decía, madre, ¿Por qué no sale un rato  a divertirse? ella enhebrando la aguja con la vista cansada y las manos encallecidas, le sonreía sin dejar que su boca transformaran  en palabras lo que su mente pensaba ¿Cómo se divierte una si tiene que trabajar de día y de noche toda la vida para tirar pa`lante?

Cuando enviudo y los hijos se ausentaron, se dio cuenta de que no solo echaba en falta un marido, le faltaban muchas cosas más. Se sentía extranjera en aquel lugar, sin educación, alejada de la sociedad… solo veía como un muro se iba levantando imposible de franquear, hasta que un día recordó una frase: “La vida es para aprender y crecer”

Y así llego una tarde, bendita tarde, a la escuela de adultos, con un poco de vergüenza pero con mucha ilusión. Alguien podría decirle que de que serviría leer, entender un libro en un mundo como el suyo, de poco le importaba eso, el reto era consigo misma. Desde que aprendió a leer todo cambio, la manera de pensar, de conectar con la gente, ahora no solo podía hablar también dialogar, no es que antes no lo hiciese pero le faltaba algo, la capacidad de conocer.


Termino el whatsapp: “ven a probar te el vestido. Besos” Le dio a enviar con una gran sonrisa formada por todas las sonrisas ausentes de su vida.


Hoy 8 de Septiembre es el Día Internacional de la Alfabetización.

En Andalucía aun hay unas 250.000 personas completamente analfabetas.

En España  720.000 aproximadamente, de la que unas 500.000  son mujeres.

Un informe de la Unesco afirma que existen en el mundo  más de 781 millones de analfabetos, de los cuales 500 millones son mujeres.  Irina Bokova recuerda: “una simple verdad: la alfabetización cambia la vida.”

Los que me estáis leyendo, o los que no pero podrían hacerlo ¡valorad la suerte que tenemos!

Un país no es más fuerte por el número de soldados que tiene, sino por su índice de alfabetización. (Malala Yousafzai)

viernes, 2 de septiembre de 2016

AQUÍ ESTOY YO CON MI BARQUITO




Me acostumbre a vivir haciendo  aquello que se esperaba de mí, o quizás debería decir lo que se suponía que se esperaba que hiciera, vivir esperando, vivir añorando, engañándome, porque nadie me dijo “camina por aquí” o “ve por allá”. Yo solo jugué y resultó que fue en mi contra, no venia escrito que viviese la vida que no quería vivir, y así deje pasar unos años, unos cuantos mas, y seguí sumando, asumiendo como normalidad la completa anormalidad.

No es que no tuviese suerte, seguramente por ser alto y guapo, las mujeres con las que me cruce desde los trece años (creo recordar) me convencieron de eso, de que era alto, guapo, ocurrente, gracioso, hasta poco mas de los veinte, y ahora que  los veinte años quedaron atrás, que a los treinta tenía una hija, los cuarenta dejaron la excitación y lo divertido en un recodo del camino, y en otro recodo me encontré con los cincuenta, ahora que es mas fácil saltarme que rodearme, ahora que solo es un recuerdo aquella gloria adolescente. En este momento de mi vida me veo como un hombre que no supo tomar las decisiones adecuadas en su momento, y ahora me pasa factura tanta cobardía, una vida llena ni tan siquiera de medias verdades, sino de mentiras completas.

Adquiriendo compromisos, ya sé que los podía haber roto, no sería ni el primero ni el ultimo, y no estoy en tiempos de mi abuelo, me podría haber separado o ni tan siquiera haberme casado, pero paso así, sin más, de repente.  Empecé a esperar que el destino me abriera las puertas que yo le cerraba, esperando que alguien decidiera por mí, que me diera un ultimátum.

Y así sin más me quede sin su risa al amanecer, sin la arena de la playa en sus chanclas, sin sus migas de pan que se colarían por las ranuras del sofá…guardando silencio sobre estos cimientos de mi vida que esconden sueños tan grandes, que no me importaba, lo cual no es sinónimo de que no fuese importante.
En cada aniversario en lugar de regalos, la vida me obsequiaba con nuevas responsabilidades, a veces con penas, a veces con alegrías, a veces con miedos, capeando el temporal, sin darme cuenta, sin querer ver que capear el temporal es meterte en lo más profundo de la tempestad, plantarle cara y decirle. “Eh, hija de la gran puta, aquí estoy yo con mi barquito”

He pasado por todos los estados de ánimo, la eche de menos como nunca pensé que echaría de menos a alguien. El olvido como la muerte, no se lo lleva todo, solo se lleva la parte mala, los malos momentos, los malos gestos, las malas palabras, y te deja lo mejor ¡que putada! Te deja lo que más duele.


Nunca es fácil regresar, pero es necesario volver cuando uno siente que ha llegado el momento de enfrentarse con el pasado, porque al final no defraudarnos a nosotros mismos es nuestro mayor acto de responsabilidad.





“Espero que vivas una vida de la que te  sientas orgulloso, y si no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo. Nunca es demasiado tarde, ni demasiado pronto para ser quien quieras ser” (Benjamín Button)