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ADAPTANDOME

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  O como mudarse a otra ciudad sin morir en el intento. Recogí unas cuantas cosas y me deshice de muchas más, hice la maleta   sabiendo adónde iba pero no donde estaría mi hogar, con la sensación de que el nuevo entorno que tanto ansiaba conquistar me quedaba unas cuantas tallas grande. Hay un momento en la vida para cada cosa, ¿pero quién nos garantiza que ese es el momento justo de esa determinada cosa? Hice clic en el interruptor de cambio de vida y todo mi mundo se puso en modo pausa,   el corazón encogido y la parte pesimista de mi mente –que hasta ahora no sabía ni que existía- preguntando ¿tiene sentido? La optimista afirmaba que el proceso sería como una buena novela de misterio a medida que avanzas por sus páginas las piezas van encajando y al final tiene sentido. Supongo que es lo que pasa cuando tomas decisiones de las que no sabes si tendrás   que arrepentirte en el futuro. Tras los momentos de agobio, esos en los que te gustaría que se esfumara...

SE AVECINA UN CAMBIO

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Si, otro, ¿el ultimo? Me temo que si, última fase, última etapa de esta que es mi vida. Ya lo predije en el post No todo es para siempre: “todo tiene un objetivo temporal, se cumple, a veces no, y llegan los inevitables cambios ¡tan temidos! ¿Por la inseguridad que nos provocan al principio? ¿Por la comodidad de aferrarnos ya no a un pasado, sino a un presente que si está bien, para que lo quieres cambiar?” Pues contradiciendo al refrán dejo camino viejo por sendero nuevo, con mil rozaduras que me deja este caminar por la vida, con la firme creencia de que el agua salada todo lo cura. Una decisión no sé si reflexionada y pensada mucho, o fruto de un impulso, un palpito en el pecho con un pinchazo en la boca del estomago, pero sea lo que sea,   esa luz vuelve a estar ahí iluminándome el camino. No tengo miedo al adiós (cierta nostalgia sí) a dejar atrás la mirada de estos olivos, algunas rutinas seguirán, no podría vivir sin ellas, pero las cosas materiales nunca me atar...