miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿DE QUE AZUL ESTARÁ EL CIELO?



Acaba el verano y con él el feliz desorden, aproximándose con sigilo, con sus calmas y serenidades el otoño, sin hacer ruido, intentando vestirnos de sensatez, con sus tardes frescas y sus mañanas cálidas como sus colores que nos hipnotizan con atardeceres fugaces y resplandecientes de naranjas, ocres amarillos de hojas cansadas que alfombraran el campo, los parques.

Y mi despertador volverá a sonar a las 7, y no porque quiera así estirar el día o sea de las que piense que habrá tiempo de dormir, pero siempre con la misma necesidad de -arropada por un chal de vivos colores- salir para ver de qué color está el cielo, cerúleo, lino, gris, provenzal, mirar los arboles cada vez más desnudos, una vez inspeccionado el frio de la mañana necesito tomarme un café recién hecho, poner la radio y meterme en la ducha con la esperanza de que el agua no solo limpie el cuerpo sino que se lleve todo lo negativo que pueda traer el día por el desagüe, ahora otro café con más calma, saboreando la mermelada de tomate sobre el aceite de mis tostadas, sintiendo como se deshace en mi paladar.

Vestirme con la ropa, mil veces pensada antes de acostarme, otras improvisando, y me maquillo, aun a sabiendas de que no sirve de mucho porque la alegría hace su función, otros días te maquillas con la misma conciencia de que no sirve de nada  ¿Cómo se maquilla el dolor? Porque no nos engañemos la vida no es una fiesta interminable, hay días preocupados y días despreocupados.

Caminar un rato por las calles, cruzándome con algunas sonrisas y algunas miradas lánguidas por el peso de la vida, hasta llegar al aula con los mismos nervios de cursos anteriores pero ya suavizados por la experiencia,  la mañana contra todo pronóstico pasa rápido.

Con suerte habrá una breve siesta que me traiga un nuevo amanecer con otro café y un escueto paseo que me lleven de nuevo al aula.

Al final del día unas cervezas, da igual que sea lunes o viernes, acurrucarnos en un rincón del salón devorando vino y libros a partes iguales.

Vendrán los fines de semana para llenarnos del feliz desorden de la época estival en la que no existen las horas, ni las alarmas al despuntar el día.

Y sé lo que estáis pensando, todos los días igual, os equivocáis, hay un truco, vivir cada día no como si fuese el ultimo sino el primero, la primera vez que entras a un cine, el olor del primer café, el primer beso, la primera vez que entras a un museo, siempre el primero… con la mirada infantil que mantiene viva la capacidad de sorpresa, las ganas de evolucionar, a veces caminando, a veces trepando, otras volando, sin dejar que la vida te rodee.

Y así pasara el otoño del que lo único que me disgusta es que es la antesala del invierno, he escrito de la primavera y el verano, pero nunca del invierno, quizás este año lo haga… quizás.





 EL OTOÑO SE ACERCA de Ángel González

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.



4 comentarios:

  1. Decía Rosendo (Leño),:"No hay dos días iguales, y todos los días igual". Hace mucho tiempo que cantaba así, pero la vida sigue igual, el costumbrismo de nuestras rutinas nos hace ser parte del cambio estacional, los días cambian los colores junto a nuestras sensaciones. Cada día es especial, maravilloso por poder sentirlo. Saludos

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  2. Me gusta ese truco de vivir cada día, no como si fuese el ultimo sino el primero! Buen y otoñal fin de semana!

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