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DESFIBRILANDO LA CONCIENCIA

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En ocasiones las cuentas no salen, auditamos el tiempo y nos muestra las oportunidades desperdiciadas, todo lo que dejamos en el camino a cambio de fatuas promesas, entonces se hace un gran vacío bajo tus pies, abajo el abismo, por el que va trepando sin misericordia el miedo, miedo a lo que vendrá después, el pánico te rodea; arriba el infinito, casi no puedes respirar, el origen y el fin.
No quieres ver si todo a explotado de forma natural, o a conciencia has puesto tú la dinamita a aquellas pequeñas grandes cosas que fuiste construyendo y levantando poco a poco, esas que tanto te importaban y no recuerdas en que momento dejaron de ser suficientes.
Tampoco recuerdas si eras feliz, cuál fue el motivo que te provoco el aburrimiento de tenerlo todo, te asusta pensar que la vida a esta edad sigue por un camino recto, que todos los planes que hiciste han finalizado, la meta se ha conseguido, si ya no habrá nada por lo que pelear…
Una palabra, una mirada, una sonrisa, un no sé qué interior… …

NO, NO SOMOS LOS MISMOS.

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¿Qué importaba entonces?



Cuando uno tiene diecinueve o veinte años, no se piensa que la vida se encargará de enseñarnos que nada es tan fácil, entonces la amistad era un refugio, ese sitio seguro, blindado, en el que nada malo podía pasarnos, estábamos juntos, éramos jóvenes y no podíamos perder un segundo en torturarnos pensando en el futuro, que estaría radiante esperándonos. Todos los jóvenes estarían obligados a no imaginar las pruebas duras que el destino les deparara, que les tiene reservados obstáculos salpicados de desesperanza, dolor, miedo, ira, decepción… esas cosas no se piensan a los veinte. A esa edad es difícil vislumbrar las cicatrices que quedaran por ahí dentro, en el corazón, en el alma o en la conciencia.
Nos conocimos en la universidad formando una pandilla envidiable, con la sensatez de unos, el ingenio de otros, la generosidad de saber escuchar, de compartir, de celebrar los éxitos con cerveza, y ahogar los fracasos en vino. Época de descubrir, de aprendizaje y co…

GOZOS Y SOMBRAS

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Que importa mi nombre, si me llamo  María y aun me llaman Mari, o quizás Dolores y aún me llaman Loli, tengo 50 años y soy escritora, tengo cierto prestigio, de mis libros  se venden los suficientes como para vivir sin excesos y sin penurias, desahogadamente, en eso soy afortunada,  aunque aún recuerdo tiempos peores en los que no diré que pase hambre, pero mi alimentación era escueta, sin muchas variaciones, pasta, arroz,… pero la imaginación hace milagros y yo siempre supe, o quizás lo aprendí ante la necesidad, a hacer un plato suculento con casi nada, hoy día sigo haciéndolo, me dan unas zanahorias, cebolla, ajo, laurel, un poco de mantequilla, queso batido y una yema de huevo, y os garantizo que no podréis creer que con tan pocos ingredientes sea ese el resultado.
 Intento trabajar por las mañanas, sin madrugar, no me gusta madrugar, otras veces en las siestas de verano, y por las noches rara vez lo consigo.
A lo que iba, tengo ya media vida, cuando cumplí los cuarenta no fue pr…

EN EL ESPEJO DE MI ALMOHADA

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Me enviaste un whatsapp: “enciende la velas, pon música, que en veinte minutos estoy ahí”
Era verano, mis días pasaban entre leer, nadar, escribir a la sombra de la higuera, y respirar la tranquilidad mientras regaba el huerto, esa era mi ocupación.
Al atardecer, horas antes de esconderse el sol, llegabas con tus abrazos y miradas, tu cuerpo exhausto no se rendía al cansancio. Cenábamos al aire libre, cerveza bien fría, parrillada de verduras y sardinas al fuego de la barbacoa, de postre los nigales dulces que nos ofrecía la higuera.

Algunas noches terminaban con un chapuzón desnudos en la piscina, ¡que forma de entenderse los cuerpos!, otras en silencio balanceándonos en la hamaca suspendida entre las dos moredas.
La ventana daba paso a la luna llena, reflejando olas de plata en el suelo, la cama una isla cobijo de náufragos abrazos, murmullo de alientos y palpitaciones del pecho.



Me enviaste un whatsapp: “La próxima semana tengo trabajo en París, ¿te vienes?”
A las ocho de la mañana, con…

EN EL AIRE

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En la España de los años 50 una amiga nada silenciosa  se había colado en casi todas las cocinas de todos los hogares, para dejar entrar y salir los sueños. Éramos pobres entonces…bueno, ahora también… y los valores de solidaridad y bondad con el más necesitado parecían más indispensables que nunca…bueno, ahora también.
A través de esta charlatana compañera se colaban los concursos, canciones populares, seriales y demás folletines en los que la gente, nuestros mayores de hoy,  reconocían su propio mundo sentimental.
Ese mundo que en la dictadura, como dijo Jon Murelega Ibarra anestesió a una sociedad consagrada al hambre, enmascarando problemas de toda índole que azotaban el país.
El fútbol sustituyo  a la penuria, los seriales a la venganza y los concursos a la represión y cerrazón política y cultural.

En los años 60 y 70 adquirir un televisor era muy difícil económicamente hablando, por lo que el uso de la radio siguió llegando a todas las personas, de cualquier clase social, edad, reli…

SON DE PAZ

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Tantos días de encuentros, de despedidas tristes y desoladoras otros.
Tantos días de sol y otros tantos nublados, con sus noches de luna, ahora llena, ahora menguante, ahora creciente.
Tantas mañanas ecuánimes  que arrasan los sentimientos enardecidos de las noches.
Fluyendo todo para protagonizar los acontecimientos de la vida, cuando me ofrece sus brazos hospitalarios, cuando me arroja con violencia de ellos, cuando me sonríe amable y generosa, cuando me hace una mueca burlona e indómita.
Adopto la firme decisión de ponerle montura, meter los pies en los estribos para afianzarme y cabalgar a lomos de su estela sin remordimientos y a ser posible con pocas lamentaciones, tratando de aspirar toda la felicidad que se cruce en mi camino, manteniendo el equilibrio para conquistarla otra vez y mil veces si fuesen necesarias.



A sabiendas de que intentara lanzarme al vacío, porque a la vida le da igual si la cabalgas o te quedas estancada mirándola, así que o luchas para no caer o te rindes embar…

AQUELARRE

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Sentados en semicírculo, alrededor de la chimenea alimentando el fuego, fuego prodigioso  que a su vez alimenta nuestra alma y nuestras palabras, escupiéndolas dentro de una gran marmita imaginaria como si de sapos, culebras y vísceras se tratara, para deshacer hechizos y traiciones.
Dejamos salir historias, unas ya conocidas pero silenciadas, otras ocultas deseando asomarse a esta noche que ¡quién sabe! sí con el olor a jabón de los lilos quedaran blancas y radiantes, la hierbabuena evocará amores prohibidos, corazones rotos, pasiones truncadas.
Seguimos auscultándonos  como el médico a su enfermo, poco a poco, ¿te duele aquí? ¿En esta parte?, ¿la del futuro incierto?, ¿en este hueco que dejo la amiga que se despidió de la vida demasiado pronto? ¿En esta cicatriz que dejo la traición? ¿En esta otra que dejo el abandono? Y así llegas hasta un punto imperceptible, un minúsculo átomo en el centro del corazón que expande sus gritos en ondas concéntricas, no te pertenece, es de otra persona…